Moko convierte una pausa para el café en una marca que se recuerda: cercana, vibrante y imposible de confundir.
El reto
Crear la identidad de una marca de café con personalidad propia en un sector lleno de estética repetida: kraft, tipografías clásicas y tonos tierra. Necesitaba sentirse cercana y artesanal, pero también moderna y reconocible desde lejos.
La solución
El centro de la marca es un logotipo tipográfico de trazo redondeado y generoso, con una “o” final que recuerda a una taza vista desde arriba. Es un guiño sutil al producto que da carácter al nombre sin recurrir a un icono literal.
El color lo hace todo: un naranja intenso sobre fondos oscuros y cálidos, que da una identidad energética y apetecible. El claim Coffee Break acompaña a la marca como una voz tranquila y cotidiana, y el patrón tipográfico repetido crea una textura propia para el packaging y otras piezas.
El resultado
Un sistema visual completo y coherente, probado en una taza, una bolsa de café de origen, tarjetas de visita y composiciones de marca. Todas las piezas comparten el mismo carácter, así que la marca se reconoce igual en el mostrador, en una fotografía o en una estantería.





